La tradición.

Mi amigo Enzo, arquitecto, carpintero y gran degustador de sabores siempre me recomendó que al cocinar un plato yo debía tratar de mantener su mismo sabor siempre.

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sábado, 26 de diciembre de 2009



Cocción de las hallacas


Ya tienes la olla montada con el agua a la mitad hirviendo,
a fuego muy fuerte,
agrégale un puño grande de sal
y
cuando tengas 25 a 30 hallacas amarradas las colocas dentro de ella,
paraditas
de una en una
hasta llenar la olla de hallacas,
Tapa la olla con 2 ó 3 hojas cruzadas.
Espera a que hierva de nuevo el agua,
cocina por media hora.
Con mucho cuidado,
manipula las piezas de manera que las que están abajo pasen arriba y las que están arriba se vayan para el fondo de la olla.
Espera de nuevo a que el agua hierva bien y cocinas por media hora más.

Completado el tiempo, saca de una en una las hallacas con el tenedor de cocina,
suspendiéndolas por el pabilo,
con mucho cuidado para no maltratarlas aplastándolas o desbaratando el amarre.
Así mismo,
de una en una,
paraditas, una al lado de la otra,
colócalas en el fregadero o la batea para que escurran.
Así deberán permanecer escurriendo y reposando hasta el día
siguiente.
Entonces las puedes guardar en la nevera,
en pilas de no más de cinco,
montadas unas sobre las otras.

A la semana de preparadas es que se les siente todo su sabor a la hallaca.
Para servirlas pones a calentar agua en una olla, agregas un poquito de sal y cuando el agua esté hirviendo agregas la o las hallacas,
dejas que se cocine por unos 10 a 15 minutos.
La sacas del agua,
la pones a escurrir un ratico,
cortas el amarre y la desenvuelves.
Sirve la hallaca en el plato sobre su misma hoja, que es como más bella se ve,
la hoja de tamaño más pequeño que el plato de servir para que éste luzca,
colocando las “telitas” de masa que quedan sueltas por encima del cuerpo de la hallaca.




¡Mmmm, que divino!


 

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