La tradición.

Mi amigo Enzo, arquitecto, carpintero y gran degustador de sabores siempre me recomendó que al cocinar un plato yo debía tratar de mantener su mismo sabor siempre.

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domingo, 27 de diciembre de 2009


Más sobre las 
hallacas
 

Como síntesis cultural de un pueblo

Me enorgullezco de haberme aplicado en conocer y dominar la técnica y la sazón desde que era niña,
conocimiento transmitido de generación en generación, tradición de realizar un trabajo laborioso, delicado, exacto, en el que un solo detalle fuera del punto  y
la cosecha se habrá arruinado toda.

Mi mamá
Mi tía Pipina
Yo











Mi hija Soledad

Mi hija Bárbara

Así que es un compromiso de gran responsabilidad.
La Hallaca es la confección artesanal de un producto alimenticio de gran calidad.


Desde el punto de vista de la culinaria implica el conocimiento y el manejo de una serie de técnicas muy precisas y el dominio del control de calidad de los ingredientes para elaborar una comida nutritiva y suculenta, y, desde el ámbito de la gastronomía, satisface las exigencias del arte de sorprender, excitar
y brindar placer a los sentido del olfato y del gusto más finos y selectivos.
Los aliños se pican artesanalmente
Tendido de la masa, relleno y colocación de los adornos, todo a mano

 




Mi amigo Vladimir Viloria, joven sociólogo compañero de estudios de mi hija Soledad en la Universidad Central de Venezuela, hoy dedicado a la profesión de gourmet y catador de vinos, me comentó, lo digo sin ninguna modestia, que su vocación de probador de sabores se la desperté yo haciendo mis hallacas.

 



Culturalmente es el plato que no debe faltar en Nochebuena y cada familia participa plenamente en la confección de sus hallacas. O es la comunidad organizada que se une para celebrar la magna fiesta con todos sus ritos tradicionales.

En ambos casos las hallacas se hacen en un ambiente de mucho trabajo, organizado y continuo, de alegría y jolgorio, de cuentos, anécdotas y chistes, amenizado con buena música, buena com
ida y buenas bebidas refrescantes y espirituosas, imponiendo su sello particular, el punto que les gusta, su sazón, como digo yo
                    
                       su saoco y su guaguancó

Expresiones que en mi lenguaje particular  significan sazón y espíritu.
Fiel expresión del gran amor que nos une y que transferimos plenamente al plato.

                         Eso son las h
allacas,
                               son cultura.

Y son cultura al trascender el tema religioso para hacerse una constante de toda la población venezolana indistintamente el país de ori
gen ni la religión.
El valor que como pueblo le damos a la comida que nos permite expresar con mucha especificidad las motivaciones que conforman una personalidad básica,
en este caso nacional, y que describe a loa venezolanos como 

pueblo afectuoso, religioso y amable, de buen gusto para el comer, más,  de gente que no come sola y
como mejor come es si come todo el mundo también.
  
No tenemos que dejar que se pierda nuestra tradición y nuestra cultura por flojera o desunión, o que vayamos a sustituir aquello que nos caracteriza como pueblo y nos diferencia de los otros pueblos por poseer el rasgo común de interesarnos en ejercer el dominio de un conocimiento, de una percepción y de un sentimiento compartido por todos.

En lo espiritual, se manifiesta el haber forjado el sentido del gusto como rasgo típico de nuestra cult
ura venezolana que se observa presente a lo largo del recorrido del proceso histórico como expresión de la voluntad de la gente común, independientemente de las voluntades del poder que decide, planifica, y organiza el sistema de relaciones sociales, económicas, familiares, legales, religiosas, de acuerdo a sus ideologías e intereses particulares. Y en lo material expresado como espiritualidad que es común al grupo,originalmente sentados sobre la base de la costumbre cristiana de festejar el nacimiento del hijo del dios de la creación:

la multiplicación de los p
anes y los peces recreada en el sincretismo a través de la base cultural indoamericana, de sociedades autóctonas que planificaron su desarrollo dando pioridad a las necesidades y el bienestar del colectivo, en conexión con el más profundo sentimiento cristiano.

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